Empecé mi carrera investigando conservantes naturales para la industria alimentaria, un entrenamiento inesperado que me enseñó a leer un proceso buscando puntos de control, excepciones y modos de fallo. Ese mismo reflejo es el que aplico hoy para diseñar cómo se orquesta el trabajo entre personas y sistemas de IA.
El giro hacia la innovación llegó con el prestigioso programa de ICEX: un MBA combinado con la oportunidad de trabajar en la red de oficinas comerciales de España en el exterior. Elegí Israel, la Start-up Nation, y ahí entré en contacto directo con el mundo de la innovación tecnológica (fintech, biotech, smart mobility, venture capital). Ese fue el puente natural hacia una consultora de innovación tecnológica.
En Opinno (Madrid) aprendí a traducir tendencias tecnológicas en modelos de negocio accionables para clientes corporativos de banca, energía, telecomunicaciones y seguros. En Diners Club Ecuador (Quito) aprendí a operar bajo la presión de un entorno financiero regulado, gestionando más de 100 iniciativas digitales con KPIs y P&L reales. Y en el Banco Interamericano de Desarrollo (Washington DC) aprendí a coordinar stakeholders senior, gobernanza y presupuesto en programas tecnológicos desplegados en 26 países.
Hoy aplico todo eso en Bocal.online, mi proyecto propio desde finales de 2025: ayudo a pymes a adoptar IA sin quedarse en la demo, diseño estrategias que no se quedan en una PPT, y hago seguimiento de los indicadores clave que permiten tomar decisiones tempranas y asegurar que un proyecto funciona de verdad.
Lo que más me interesa no es la demo que impresiona, sino el piloto que sobrevive al contacto con una decisión de negocio real: quién es el dueño del proceso, qué pasa cuando el sistema se equivoca, y cómo se mide si de verdad funciona.